
- Se aceptan apuestas –exclamó Tim–. ¿En qué momento exacto va a estirarla?
- ¿Ya tiran? –preguntó Modesto, corrector de pruebas– ¿Tan pronto? ¿O es uno de tus trucos?
- Unos tiran de la rotativa, otros tiran al blanco, y otros, simplemente, de la vida. Pero, en nuestro caso, Modesto, hablamos del que estira la pata. ¿No es así, Aurelio?
- Si muere –advirtió Aurelio, hijo de republicanos y mano derecha del Jefe, utilizando el argot del momento–, será debido a un “complot judeo‑masónico promovido, una vez más, por los de siempre y promocionado por la prensa canallesca”.
- Y yo digo –insistió Tim– que habría que darle un sabor festivo de fin de año. Champagne Moet & Chandon y serpentinas de colores. Porque, ya se sabe: muerto el perro se acabó la rabia.
- ¡Un momento, un momento, Tim! –alertó Casilda, católica y franquista hasta la médula, quien tenía una edad próxima a Aurelio, su oponente ideológico, ambos veinte años menos que el dictador que se moría en la cama–. A las doce y media, oyó misa, acompañado de su familia, y recibió la comunión y la extremaunción en plenas facultades mentales. Eso es lo que dice ese teletipo de Efe.
- Total, que, tras un retraso de unos días, ahora va y, a los 83 años, decide no morirse. ¡Será posible! Si el General charló hasta de sus posesiones y palacios con el sacerdote.
- Generalísimo, Aurelio, generalísimo –matizó Casilda–. Y ex comandante general de Baleares. Pero ¿quién sabe lo que en este momento puede ocurrir? Porque dicen que este sacramento devuelve la salud al cuerpo, si conviene, o la del alma, aunque el cuerpo no responda. Por cierto, que el cardenal Tarrancón pensaba ir esta mañana al Palacio de El Pardo para interesarse por su estado de salud, pero ha sido aconsejado por la Casa Civil a que retrasase la visita.
- Perdonad, pero a mí, Modesto García, todo eso me suena a farsa y a comedia barata. Está claro que es una maniobra política dilatoria. Os lo digo yo, que llevo 35 años en la brecha: Franco ha muerto hace ya horas. Quizás días.
- Desde luego, todo se desarrolla como en una opereta vienesa –comentó Quintín–. Por lo menos, Hítler tuvo un final elegante: un tiro en la sien, unas pastillas, un final perfecto...
- Para usted –dijo Casilda, pasando el auricular del teléfono al Jefe, que acababa de entrar en la redacción–, del corresponsal de Madrid.
- ¿Se puede saber qué está pasando? –preguntó Eugenio Corrales–...Eso decís desde hace una semana, pero él sigue vivito y coleando, dándonos a todos la guerra de los nervios... Pero, vamos a ver: ¿cuánto tiempo le dais como máximo?... Pues nos llamáis en cuanto suceda...
- ¿Qué hacemos, Don Eugenio –preguntó Modesto–: seguimos esperando?
- Hay que actuar cuanto antes y sacar la edición ya. Será como la última antes de que ocurra lo peor. ¡Adelante con las máquinas impresoras!. Y que cada cual ocupe su puesto. Tim, Quintín, Froilan, los más jóvenes, ya estáis yendo por toda la ciudad a tomar el pulso de la gente. Aurelio, ponte en contacto con todos los corresponsales de Mallorca. Casilda, ¿qué pasa ahora con los teletipos?
- El télex funciona a tope. El último dice: Numerosos jefes de Estado y presidentes de Gobiernos extranjeros se interesan por la salud del Generalísimo.
- ¡Qué cara! –protestó Aurelio de soslayo– Pero si son sólo Isabel Perón y Pinochet ¿Quién más se atreve a hacerle en estos momentos la pelota?
- Vamos, Aurelio, que no es hora de lamentaciones. Ya conocéis las normas: hay que explotar la noticia al máximo y adelantarse, si es preciso, a los acontecimientos. ¿Y esos bocadillos, Maribel?
- Ahora mismo llegan, don Eugenio.
- Últimas noticias –advirtió Sixto, el último de los redactores del grupo que seguía mirando con el rabillo del ojo al Jefe, vuelto a su despacho con Casilda–. Atención, un parte médico de interés para todos: El equipo médico: agotado y exhausto. Firmado: Francisco Franco.
- No tiene gracia –protestó Froilán–, y menos en estos momentos.
- Por cierto –preguntó Tim–, ¿sabéis cuántos días tardó Stalin en morirse? Veintiún días, casi un mes. La verdad es que, cuando se anunció su desaparición, ya estaba más que muerto.
- Tú también te has pasado –protestó Froilán–. ¡No querrás comparar eso con Rusia!
- Sí, claro –reafirmó Tim– ¡Esto es España! ¡¡Y España es diferente!!
- Y pensar –comentó Casilda– que treinta millones de españoles están pendientes de la televisión, a la espera de esta noticia...
- Al menos una cosa ha conseguido–añadió Modesto–: que sesenta millones de ojos se fijen en Tomy and Jerry, los dibujos animados que emiten en este momento.
- Su señora, por la segunda línea ‑indicó Maribel a Don Eugenio.
- ¿Sí? –contestó el Jefe–... Justamente, ésta es la novedad. La edición especial ya está en la calle. Veremos qué pasa...
(De “Perros de papel”, novela inédita de Santiago Miró)
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