miércoles, 26 de marzo de 2008

Prunus Cerasus

“Y, ¿ sobre qué hablarían los árboles,

de la consistencia de los excrementos de las ardillas?”

Gimli, hijo de Gloin. El Señor De Los Anillos, Las Dos Torres. J.R.R. Tolkien



– Pssss, psss, ¿está dormido?
– Sí, creo que sí... Ains.
– ¿Qué te pasa?
– Mírala, está en todo su apogeo.
– ¿Otra vez con esas?
– Hoy ha florecido por completo, nunca estará más hermosa.
– Esto es lo que me faltaba por oír.
– Y esa fragancia…
– ¡Tronco, espabila! ¡Ella no es para ti!
– Pssst, no grites que vas a despertarlo.
– Sí, sí, disimula, pero sabes que tengo razón.
– ¿Acaso es imposible?
– Pues claro, ¡qué sois de clases diferentes!
– Pero es tan hermosa.
– Sí, la verdad es que es tela de guapa mi prima.
– Y ese suave contoneo cuando la mece el viento, la forma en que la luz de la tarde se mezcla con su nívea corola y queda ruborizada por un instante, inflamada de amor.
– Tronco, como sigas así de moñas dejo de hablarte.
– Perdona, me dejé llevar.
– Lo que tienes que hacer es olvidarte de ella.
– Pero cómo hacerlo, no puedo quitármela de la copa. Y cuando el viento arrastra su aroma hasta aquí, yo…
– ¡Y dale con el viento!
– Eh, eeeh, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Ya lo has despertado.
– Jovenzuelo, no estará hablando en su guardia.
– No señor, siempre alerta señor, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Eso está bien. Sí. Recuerda que somos la élite del reino vegetal. De la más noble familia. Hoja perenne. Siempre alerta. Siempre vigilando. Siempre…
– Jejeje, el viejo se ha dormido.
– Un respeto, es un ciprés milenario. Reyes acamparon a sus pies en…
– Sí, sí, sí. Tronco así no os quitáis la fama estirados en eones.
– Bueno, perdona, la savia, ya sabes.
– Y aún así te enamoras de una cerezo, y vas con la copa gacha como un sauce llorón. Yo flipo.
– Ains.
– Sí, eso digo yo, manda bellotas, con lo grande que es el parque…
– ¡Maldita sea!, ¿qué hace ese animal?
– No puedo mirar, creo que le está partiendo una rama.
– ¡Y que no pueda arrancar mis raíces de la tierra y hundirlo en ella hasta reducirlo a abono!
– Tranquilízate, árbol.
– En serio, el día que nos esté permitido…
– Tranquilo, ya sabes, todo llegará. Piensa que unos setenta años estará alimentando unas bonitas malvas.
– ¡Parásitos!
– Venga no te hagas mala savia. Si ahora estamos en pleno apogeo y nos recuperamos rápido.
– Mutilar tal belleza, atreverse siquiera a tocarla…
– Chico en serio, háztelo mirar.
– Ains.
– Eh, eeeh, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Ya se despertó, bueno te dejo que soy de hoja caduca y tengo que centrar mis energías en renovar vestuario. Luego hablamos.
– Venga, hasta luego chopo.