jueves, 6 de marzo de 2008

El dilema de Philby




Philby, más cerca de los cincuenta que los cuarenta. Era un tipo alto, de rasgos duros, cuando sonreía sus rasgos se endulzaban dándole un atractivo inusual, de complexión fuerte, era un hombre dubitativo por sistema. Sus dudas limitaban siempre sus actos, aun así, tenía una especial capacidad para atraer y fascinar a los demás, sobretodo al sexo femenino, siendo un líder por naturaleza.

Philby era un tipo comprometido, de ideología marxista, militante y partidista, trabajaba esforzándose a diario, combatiendo al sistema establecido, de una forma hostil si era preciso. Su profesión nunca llego a confesarla, simplemente decía: "tengo que hacer", y desaparecía durante días o incluso semanas. A la vuelta, deambulaba por sus bares y cafés habituales, contando hechos y aventuras con su peculiar sentido del humor, entre sarcástico e irónico, mientras invitaba a los parroquianos a otra ronda. Era hombre de trago largo, y de una sinceridad aplastante ante sus camaradas, a los que exponía sus quiméricos planes en las largas tardes de militancia, que se postergaban hasta el amanecer.

Estaba unido oficialmente a una buena mujer, pero su ego masculino no le permitía serle fiel. Mantenía relaciones con otras mujeres, a las que casi nunca les ofreció concesión alguna, simplemente se dejaba querer, asumía de una forma innata el papel de amado, sin convertirse jamás en el amante. Esta posición le resultaba muy acertada, pues en esa entrega encontraba una incomodidad que nunca quiso afrontar. En ese allanamiento de sentimientos, su “yo” masculino se evidenciaba de una forma muy particular. Cuando esta situación se daba, interrumpía radicalmente sus relaciones y se embarcaba en la búsqueda de nuevas aventuras. Temía la entrega completa, sin cristales opacos que evidenciasen su realidad, se sentía como un niño que ama a su madre incondicionalmente, siempre con el temor de perder el vínculo que les une. Esto le llenaba de una gran inseguridad, donde sus dudas surgían y de nuevo el dilema se condensaba en su conciencia. Evitando este tipo de relaciones, se dejaba querer, era más sencillo… en la exclusión no encontraba la complicación que le embargaban sin duda en el calentamiento cruel de sus meninges.

Pero no siempre pudo actuar así, hubo un par de mujeres a las que amó incondicionalmente, con las que compartió sin poder evitarlo, donde el vértigo de sus sentimientos le arrastraron irremediablemente a la entrega, y en esa entrega demostró una gran capacidad de amar que a él mismo le sorprendía e intimidaba.

En la reflexión de sus pensamientos, Philby no encontraba respuesta alguna ante estas indecisiones y en cada nueva entrega optaba por deshacerse de las incógnitas de su corazón. Un corazón quebrado con el paso del tiempo, lleno de temores y cobardía.

Pero indudablemente, sólo con el tiempo despejamos todas las indeterminaciones de nuestro ánimo, entre los juicios o decisiones que nos persiguen, haciendo de nuestra vida una incertidumbre continua, en la que flaqueamos y nos sentimos desalentados. Y es entonces cuando el dilema se condensa en la superación de los fantasmas que a todos nos acechan.

Nota: La fotografía es de Roque Dalton, gran Poeta Salvadoreño...

Rocío P.
03/03/08