Sentado en su sillón, el cuerpo echado hacia atrás, las piernas estiradas, las manos cruzadas con los dedos índices apuntando a su boca y la mirada perdida en algún punto de la mesa. Acaba de recibir la enhorabuena del comisario, quien a su vez ha sido felicitado por el Subsecretario. En la televisión el Ministro saca pecho por la detención de tres peligrosos terroristas. Dos de ellos se dirigían a la capital con una furgoneta cargada de explosivos y lista para cometer un terrible atentado. Todo parece perfecto, pero Paco está pensativo.-Te has pasado la ética por el ‘arco del triunfo’ y has maltratado al detenido. Sin embargo ¿tenías otra forma de arrancarle la preparación del atentado? Lo has evitado, has salvado la vida de mucha gente anónima y otros dos terroristas están detenidos. ¿No es ese mi trabajo? ¿Quién me aclara el eterno dilema del fin y los medios?.
“¿No hace lo mismo la Sociedad? Se siente amenazada pues todos somos víctimas en potencia. Alienta la promulgación de leyes excepcionales, leyes específicas contra un grupo concreto, leyes que guían a la Justicia por un camino determinado. Como es ciega le ponemos un lazarillo. En definitiva, hacemos leyes trucadas. Y es que las leyes ordinarias no están pensadas para la guerra, y la lucha antiterrorista lo es aunque políticamente no se quiera aceptar.
“Pero las leyes especiales son muy peligrosas. Lo que hoy justificamos en el terrorismo, quizás mañana lo argumentaremos como legítima defensa de cualquier concepto que apoye una mayoría social, aunque sea una aberración. ¿Puede descartarse que en un futuro cunda la xenofobia y se exija pedigrí de ‘españolidad’ por ley? ¿Cómo se trataría a los disidentes? En los siglos XV y XVI ya hubo una cuestión parecida con los judíos conversos.
“Por otra parte la ciudadanía es tan hipócrita que se alegra de los éxitos sin querer saber los medios. Y si se hacen públicos se rasga las vestiduras... con los políticos de la oposición a la cabeza... y todos son oposición un día u otro.
“Sin embargo, lo cierto es que los Cuerpos de Seguridad somos los profesionales a los que se ha dado el derecho a ejercer la violencia, por tanto no podemos usarla gratuita, arbitraria ni desproporcionadamente.
“Sí, la violencia de Estado es un arma muy peligrosa que puede desmandarse y convertirse ella misma en terrorismo, como en la Alemania nazi.
“Pero también hay que ser realista ¿es que un tipo como Jon, capaz de matar a siete personas a sangre fría, se hubiera amilanado al preguntarle veinte veces una cosa? Ni le importa contradecirse ni las pruebas le harán hablar, y en última instancia se queda callado y a esperar. ¿Alguien cree que nos hubiera dicho lo de la furgoneta en un interrogatorio ‘limpio’? Un terrorista de raza, a quien no importa matar ni pasar unos años en la cárcel, no claudica. Si matar endurece, el asesinato reiterado y a sangre fría petrifica. La ley, incluso la Antiterrorista, supone que el delincuente es humano, pero en este oficio te encuentras con fieras. Y a nosotros nos toca andar sobre la cuerda floja, con el permanente riesgo de caída. Por eso me pregunto y pregunto al Estado y a la Sociedad ¿dónde está la línea roja que nunca se debe cruzar? ¿es fija o se mueve en función del momento y el interés político?...
El teléfono interrumpe sus pensamientos
-Paco, el abogado de Jon ha presentado una denuncia por malos tratos.
-Empieza el circo.
2 críticas:
¿Y otro título?
La verdad es que anduve entre linea roja, funambulimo y cuerda floja. La menos oída puede ser funambulismo, pero no me acababa de convencer el sonido de la U. He puesto la cuerda floja... aunque sigue siendo un tópico.
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