lunes 29 de diciembre de 2008

Curvas y otras fatalidades

¡Ya está aquí!

¡Ya llegó!

Un poco tarde, la verdad, pero no mandé mis relatos a luchar contra la burocracia ;).

Con todos vosotros Curvas y otras fatalidades, el recopilatorio de los relatos publicados a lo largo de 2007 en el blog de Daniel Hermosel Murcia (¿Y ahora qué, eh..?) aderezado con una historia de carreteras sinuosas con oscuros destinos y salpimentado con algunos comentarios de los lectores.


Disponible a través de bubok, a un precio más que ajustado.

Venga, disfrutadlo, ya me contaréis o criticaréis.

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lunes 24 de noviembre de 2008

Era buen libro, era un gran libro

Encontrado en Autoliners.

domingo 5 de octubre de 2008

Preliminares

Os dejo un relato que he escrito para un taller de escritura erótica que estoy realizando en "Los Placeres de Lola".
Clara miró el reloj de la cocina. Quedaban más de dos horas para su esperada cita, pero la perfección requería su tiempo. Apuró su café y se dirigió al baño. Colocó unas velas aromáticas alrededor de la bañera, un capricho que rara vez podía permitirse por falta de tiempo. Después puso el tapón de la bañera y abrió el grifo del agua caliente. Exhaló profundamente el aroma de las sales de baño antes de añadirlas al agua. Mientras la bañera se llenaba, se fue hacia su habitación. Abrió las ventanas para que se ventilara la estancia, cambió las sábanas y, finalmente, se enfrentó a su armario en la tarea diaria de elegir la ropa que ponerse. Primero abrió el cajón de la ropa interior: un sujetador con apertura frontal y tanga a juego de color negro. Buscó las medias favoritas de Antonio, de redecilla y con liguero de encaje, igualmente de color negro. Sus piernas eran algo que había maravillado a Antonio desde el mismo día que la conoció. El mes que viene haría un año de ese primer encuentro. Clara entró en una tetería árabe para refugiarse de la lluvia una tarde fría de noviembre y allí estaba Antonio, sentado en la barra y girándose completamente para verla caminar. Primero le miró la cara y, después, su mirada fue bajando para detenerse en sus largas y estilizadas piernas. Unos minutos más tarde, se acercó a ella con la excusa de pedirla un cigarrillo. Ese fue el comienzo.

El plan para ese día aún no estaba fijado, pero pensó que con su falda corta de tablas y su camisa roja ajustada se sentía cómoda y, al mismo tiempo, muy atractiva y sensual. Sus botas altas negras de tacón de aguja darían el toque definitivo de sofisticación. Extendió su ropa sobre la cama para evitar que se arrugase y comenzó a desnudarse mientras regresaba al baño. Su pijama de rayas, arrugado en el suelo del pasillo, fue el único testigo de su lenta inmersión en la bañera. La temperatura del agua era perfecta. No pudo evitar suspirar de satisfacción cuando estiró las piernas una vez dentro. Eligió el jabón más cremoso para limpiar e hidratar su piel. Utilizó también la esponja de textura más rugosa para lograr un efecto exfoliante. Cuando hubo terminado de enjabonar cada centímetro de su piel, se quedó un rato con los ojos cerrados y completamente quieta. Le gustaba concentrarse en su respiración y en el olor que desprendían las velas. Perdía la noción del tiempo cuando estaba tan relajada. Las yemas de sus dedos comenzaron a arrugarse debido a la humedad, así que se aclaró y se envolvió en la toalla. Mientras tiraba del tapón y observaba como la espuma desaparecía por el agujero de la bañera se le ocurrió una idea: daría una sorpresa a su chico. Cogió una cuchilla y se afeitó por completo el pubis. La lengua de su amante se deslizaría por su piel como si de un tobogán se tratase. Comprobó el resultado pasando suavemente sus dedos por la entrepierna. Se notaba sensible como pocas veces, tanto que un leve jadeo se escapó de su boca. Dudó si dejarse arrastrar por el deseo o esperar para poder compartir ese mágico instante con su pareja. Se decantó por la segunda opción. Continuó extendiéndose la crema hidratante por las piernas, los hombros, el pecho y por cada rincón de su cuerpo. Limpió el vaho del espejo con la toalla para poder contemplar sus pezones erectos por efecto del masaje. A Antonio le gustaban sus pechos, solía decirle que los modelaba a su gusto. Además, siempre había admirado la suavidad de su piel. Clara procuraba echarse crema a diario para conseguir más caricias por su parte.

Se hacía tarde. Dejó la toalla y salió desnuda al pasillo. Su pijama fue nuevamente testigo del extraordinario brillo de su piel provocado por la crema hidratante. Se vistió con sumo cuidado para no enganchar las medias. Dejó sin abotonar tres botones de su camisa, quería dejar claro que hoy le apetecía ser una niña traviesa y juguetona. Los pendientes de plata vieja que le había regalado su pareja por su cumpleaños serían su único complemento. Eso y unas gotas de perfume. Decidió no maquillarse, ese día le gustaba especialmente la tonalidad y frescura de su rostro. Sólo necesitaba un poco de cacao para los labios. Imaginando su aspecto una vez prescindiera de la falda y la camisa, regresó al baño en busca del cacao, pero no le dio tiempo, el timbre sonó. Recogió apresuradamente el pijama del suelo del pasillo y abrió la puerta. Antonio entró como tenía por costumbre, besando sus labios de forma mecánica y mascullando su eterno "Hola nena". Apareció vestido con su viejo pantalón de chándal y la misma camiseta azul del día anterior. Olía a sudor. Venía cansado de jugar al fútbol con sus amigos. Se tiró en el sofá y le propuso quedarse en casa. Encargarían pizza y comerían tranquilamente mientras veían la televisión. "Tal vez se le olvidó preguntar otras opciones" pensó ella mientras un sentimiento de ridículo le embargaba viéndose reflejada en el espejo de la entrada. Antonio le preguntó si la camisa que llevaba había encogido o pretendía enseñar las tetas a todo el vecindario. Se lo tomó bien e, incluso, le hizo una mueca similar a una sonrisa, pero mientras su chico tomaba entre sus manos el mando a distancia en lugar de tomarla a ella, la sensación de que su historia de amor no sería para siempre se abría paso irremediablemente en su interior.

viernes 3 de octubre de 2008

Realidad Vs. Ficción

Viñeta de Mauro Entrialgo publicada aquí.

Pínchala para aumentar.

jueves 14 de agosto de 2008

El ángel de mármol de Santa Clara

El calor interior se muestra en forma de pequeños brotes de vapor que, apenas alcanzan el exterior, desaparecen. El frío penetra despacio, pero constante, en el pequeño cuerpo paralizado.

El mundo había desaparecido. Una nada nívea se había apoderado de él. Donde ayer había un pequeño parque, con sus árboles y su fuente de piedra desgastada, hoy no hay más que blancura. Donde ayer había una iglesia, una carretera, hoy solamente duele el albor. Asustado, el pequeño mira a su alrededor tratando de encontrar el pueblo perdido tras el velo fantasmal, pero lo único que parece quedar en pie son su casa y él mismo. Armado de valor, da un paso lentamente con los puños apretados y la respiración agitada. Da otro pasó, cierra los ojos y se vuelve. Horrorizado, ve como la red se abalanza sobre su casa, y el terror crece cuando comienza a sentir que se apodera de él mismo, paralizándole la sangre, acariciando con dedos de hielo el tuétano de sus huesos.

El corazón acelerado, la respiración profunda, los puños cerrados. Comienza a golpear al etéreo enemigo en un intento de no desvanecerse. Por primera vez es consciente de que puede desaparecer. Por primera vez siente la cercanía de la muerte. A su alrededor todo es blancura y silencio, humedad y frío. En su interior valor, furia, pasión, fuego vivo. De repente se ve rodeado de la nada. Su casa ha sido absorbida por el vacío blanco. Está cansado, suda y jadea. Lo peor es que sabe que no ha conseguido nada. Delante de él, unas sombras fantasmales se mueven. Tal vez sean las responsables de este mal, que se está comiendo el mundo, que intenta apoderarse de él.

En un último arrebato corre hacia las sombras que crecen según se acerca a ellas. A escasos pasos de una descubre un ciprés mecido por el viento. El gran ciprés que da la bienvenida al parque. A la derecha, la otra gran sombra va tomando la forma de la vieja encina que cobija, con su sombra, los juegos de verano. Habían sobrevivido al fin del mundo. O tal vez el mundo no se hubiese perdido. Tal vez solamente estuviera oculto. Avanza animado y va reconociendo los lugares que tan bien conoce. El murmullo del agua lo guía hasta la fuente que surge poco a poco, ocupando el lugar que nunca dejó libre. Comienza a reírse de sí mismo, de lo tonto que ha sido al pensar que las cosas desaparecen tan fácilmente. Corre en dirección a la iglesia para comprobar que sigue en su sitio, cuando una potente luz blanca brota rugiendo con la ira del vencido abismo.

El calor interior se escapa sin remedio regalándose al suelo ya húmedo. El frío exterior toma posesión al instante de su cuerpo. El mundo desaparece, sin más, para el pequeño. La niebla vence.

martes 15 de julio de 2008

Antología de Relatos


Bueno, pues ya lo tenemos aquí, el primer libro del taller. Ains.
En esta entrada me vais a permitir dar las gracias a los que habéis participado en esta creación tan especial, Soledad, Antonia y Jorge, Santiago, Mar, María, Goyo, Jesús y Reina. Agradecer también a Miguel Ángel y María el regalo de portada. Algunos probablemente no tengamos ocasión de ver nada publicado si no es así, por lo que estas ciento ochenta y dos páginas resultarán realmente míticas y, por supuesto, ¡superfardonas!

La verdad es que, afortunadamente, da un poco lo mismo el índice de ventas, aunque siendo tantos malo ha de ser si no llegamos a la docena. Pero la verdad es que da un poco de vértigo (a mí, primerizo en éstas lides, al menos) dejar unos relatos escritos para unos pocos, otros incluso para no ser mostrados, al alcance de todo el mundo. Bueno, espero que no sean muy duros y sepan perdonar los fallos (sobre todo los de maquetación, mea culpa :p).

Y poco más, felicidades a todos y ¡a preparar el siguiente!

Por cierto, lector del blog que pasas de este melodrama, este enlace te lleva a la tienda donde podrás conseguir un pedacito de nosotros. Espero que te guste y dejes, si tienes a bien, tu comentario.


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miércoles 14 de mayo de 2008

¿Publicamos?

¿Os gustaría que publicáramos una selección de relatos del taller?

Me han mandado información sobre bubok.es, un sistema para autopublicar por internet que luego vende los libros bajo demanda. El proceso es gratuito, ya que ellos se quedan con un 20% de las ganancias que aporte el libro, por lo que el coste sería el de comprar nuestro libro, cuyo precio dependerá del número de páginas. He hecho una prueba con una selección de relatos de 44 páginas en formato cuartilla y salía un precio de casi 5€ por libro. He probado también con 130 páginas y sale por menos de 7€.
Hasta que no se compre un libro no se da un céntimo hasta que no quede aceptable no habrá gasto. Eso sí lo tenemos que maquetar nosotros y diseñar la portada. Pero no es problema, de hecho se me ocurren hasta algunas ideas para la misma.

Podríamos publicar un par de relatos cada uno de los que llevamos al taller.

Idle dando y dejad vuesta opinión en los comentarios.

Nos vemos.